A los redactores nos pasan cosas curiosas…

La ventanita que se ve desde el patio es la habitación en la que Borges permaneció encerrado durante diez días escribiendo “Las ruinas circulares”. Allí estuve hace muy poquito…

 

A los redactores nos pasan cosas curiosas.

En este mismo momento, estoy terminando un encargo que he recibido por parte de un cliente para mí muy especial.

Sucede que la casualidad hizo que nos encontrásemos para llevar a cabo una idea de libro; un libro en el que mi cliente deseaba plasmar su historia de vida.

Pues bien; el caso es que, entrelazada con su historia, yo también he podido relatar la mía, a pesar de haber esta transcurrido en otro tiempo y en otro lugar.

Como si ambos, mi cliente y yo, formásemos parte de una historia aún mayor.

Una historia de la que cada uno de nosotros poseemos una pieza, pero que, sin embargo, intuimos forma parte de una gran obra que alguien -Alguien, quizás- ha escrito desde siempre.

Un sentimiento extraño; circular, podría decirse.

Algo así como lo que mi entrañable amigo Borges relata en su magnífico Las ruinas circulares

Curioso, ¿verdad?

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