Alteridad: cualidad esencial del buen redactor de contenidos

¿Qué es la alteridad?


El concepto de alteridad -que involucra, además, toda una ética de la alteridad- no es más que el principio filosófico que aplican en todo momento aquellas contadas personas a las cuales se les señala como grandes generadores de empatía. En palabras sencillas, la alteridad no es más que ver el mundo con los ojos del otro; por cierto, en los tiempos que corren, toda una virtud.

Cuando un cliente nos contacta para la redacción de contenidos, la alteridad -en el universo de los community managers se sabe mucho de esto- se convierte en una competencia que sin lugar a dudas tenemos que desarrollar. Es entonces cuando los escritores nos encontramos con el descubrimiento del “otro”; en realidad, de “otros” infinitos, como infinita es también la impresionante Internet.

Si bien nuestro cliente -como sugería en la entrada anterior– seguramente nos habrá brindado un completo perfil de su audiencia, un escritor que se precie no debe perder de vista el hecho de que dentro de este mismo colectivo, por más precisamente delimitado que se encuentre, tendremos un buen número de individualidades con sus propias tradiciones, costumbres o representaciones que le son propias.

Luego de la publicación de un artículo en un blog, de un requerimiento de un seguidor en una página de Facebook o del comentario de un cliente a favor de un producto en un sitio web, comenzarán a hacerse notar las distintas repercusiones. Es entonces cuando el buen redactor de contenidos prestará muchísima atención, pues en la medida en que sea capaz de asimilar lo que siente cada uno de los “otros” logrará dar continuidad a toda una estrategia de marketing de contenidos, respondiendo a este público desde sus mismos zapatos.

 

El secreto de la alteridad

La cuestión principal para las empresas es, en todo caso, seleccionar correctamente a ese excelente redactor de contenidos capaz de practicar en todo momento el principio de la alteridad. De este modo, logrará cautivar eternamente a una audiencia que una y otra vez volverá a ese sitio en el que encuentra el valor que realmente merece.

 

Y hablando de alteridad, te invito a leer cómo el admirable Jorge Luis Borges supo también colocarse, con singular maestría, en el lugar del otro

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